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Cubaneo Cotidiano

SEÑORES OBISPOS CUBANOS SIGAN LOS BUENOS EJEMPLOS

SEÑORES OBISPOS CUBANOS SIGAN LOS BUENOS EJEMPLOS

Pues sí, cada día que leo las noticias internacionales, me da tanta pena de los Obispos Católicos Cubanos, que no se cansan de enviar mensajes y decir palabritas bonitas, pero no siguen los buenos ejemplos, pues más allá de lo que Ortega y Gasset dijera hace ya mucho tiempo de que "Yo soy yo y mis circunstancias", como argumento para decir que los buenos ejemplos que se les muestra se desarrollan en otras coordenadas y circunstancias, me hace pensar que es una buena justificación pero que expresa una gran miopía, al no comprender que en el siglo de los medios de comunicación, del internet, de la noticia en el instante y en el momento, cualquier acción que ellos tomaran para seguir los buenos ejemplos obtendría inmediatamente el respaldo unánime de todo el mundo, si no padecieran de una miopía muy conveniente, que les impide ver lo que realmente está pasando en Cuba, a su alrededor y dentro de sus propias iglesias, olvidando que su vocacion sacerdotal y episcopal incluye también el martirio, martirio que ha fertilizado con su sangre a la Iglesia por casi tres mil años, y que el pueblo cubano ha sido bastante martirizado en estos casi 50 años, en los paredones de fusilamiento, en las cárceles, en un exilio forzoso y en el Estrecho de la Florida.

Es una verdad de perogrullo (visible hasta para los ciegos) de que el desgobierno castrista está en su fase final sino, !aprendan a leer entre líneas las propias noticias que el Granma y el Juventud Rebelde publican, ilustrísimos obispos! Pero me refería a los buenos ejemplos que en los últimos meses y en las últimas horas se ven en todas partes del mundo. ¿Cuáles noticias?

Veamos: primera, la manifestación pacífica y pública de los monjes en Birmania en contra de la dictadura militar, aún a costa de sus propias vidas...¿Otra? Ayer los monjes camboyanos se lanzaron a las calles frente a la embaja de Viet Nam en Cambodia, donde son discriminados y reprimidos los monjes por las autoridades vietnamitas...¿Otra? La actitud firme y determinada de los obispos venezolanos denunciando la trampa del referendum que permitiría al Gorila Bolivariano entronizarse hasta el 2050 como su mentor, el tiranosaurio cubano...¿Necesitan más? Pues lean hoy la noticia del Obispo franciscano Luiz Cappio, que en Brasil lleva ya 23 días de hulega de hambre para protestar contra el desvío de un río (no se trata de presos de conciencia, once millones de personas discriminadas en su propio país o los derechos humanos oficialmente ignorados por una dictadura fosilizada que agoniza en sus últimos estertores, aunque parezca que nada ha cambiado...sino por un río, Dios mío) que quieren desviar unos irresponsables que sólo piensan en el capital que obtendrán a cualquier costo, y este Obispo expresa poco interés en su propia vida cuando están en peligro, por el desvío de un río con nombre de santo (San Francisco), miles de vidas y el equilibrio ecológico, la armonía de la naturaleza creada por el Dios en el que creemos.

Pero los Obispos cubanos, con contadas excepciones, serán lo que siempre fueron y siempre serán: una jerarquía indolente y demagoga que pacta con el gobierno para obtener migajas. Entre esas excepciones incluyo, claro está, al emérito Meurice, que no tuvo pelos en la lengua para denunciar lo que nadie se atrevió, durante la visita de Juan Pablo II. Incluyo, sin lugar a dudas, al emérito José Siro, que apoyó siempre el compromiso de los laicos de Pinar del Río en su trabajo de concienciar al pueblo a través del Centro de Formación Religiosa y Cívica y la revista Vitral (asesinada traidoramente por el nuevo Judas de apellido Serpa en contubernio con el Cardenal Ortega, que serán una triste afrenta para el Episcopologio Cubano), incluyo, con clara conciencia, al Obispo matancero Manolo de Céspedes, verdadero heredero de una estirpe mambisa, que siempre fue la mano derecha del retirado José Siro y fue en gran medida callado artífice y apoyo de Vitral y el CFCR junto al grupo de laicos encabezados por Dagoberto Valdés, hoy apartado y eliminado de toda función en la Iglesia. De los demás obispos, a algunos que admiro por su inteligencia y actitud frente a las autoridades en momentos determinados, en especial Mons. Petit y Mons. Dionisio, actual arzobispo santiaguero (no exceptúo de este grupo a Mons. Juan de Dios Hernández, pues reconozco su lucidez e inteligencia), pero debo decir que poco o nada podrán hacer mientras la influencia orteguiana (no de Ortega y Gasset, sino de Jaime Ortega) se mantenga, con sus ínfulas de "Príncipe de la Iglesia", con pasaporte diplomático del Vaticano y un ritmo de vida nada austera ni humilde, que felicita a Oswaldo Payá por el Premio Sajarov, pero no lo deja actuar en su propia iglesia en el barrio del Cerro (Iglesia del Salvador del Mundo) ni como lector, ni como colector, ni como servidor o ministro de la Eucaristía, a él, a su esposa o a sus hijos como monaguillos, para no tener problemas con el gobierno.

Quizás la determinante influencia del Cardenal Ortega ha influido en el nombramiento de los nuevos obispos ha producido el poco valor que los Obispos tienen hoy aún dentro del pueblo de Dios, que los respeta, los defiende, pero no los reconoce como sus líderes, ni dentro ni fuera de Cuba. Es sabido que Jaime influyó en el nombramiento de De Céspedes a Matanzas, sufragánea de La Habana, para alejarlo de la continuidad del trabajo pastoral de Mons. Jose Siro en Pinar del Río, llevándolo a la inocua diócesis de Matanzas, de la que Ortega es originario, imponiendo a su candidato Jorge Serpa, quien todos conocen como dócil a su voluntad desde que, llegado de Colombia, lo nombrara Vicario Episcopal primero -por encima de un clero establecido, preparado y conocedor de la realidad cubana que Serpa no conocía-, para luego nombrarlo Rector del Seminario, como una buena figura decorativa que en nada cambió la instutición conocida como la "Pajarera del Cardenal", dirigiéndola sin penas ni glorias, con una operación a corazón abierto, para finalmente nombrarlo -moviendo las cuerdas necesarias en la Santa Sede-, Obispo de Pinar del Río, donde como primer paso, le dió el tiro de gracia a la Revista Vitral y al Centro de Formación Cívico y Religiosa de esa diócesis, sin explicaciones claras ni creíbles, resolviendo el contencioso con el gobierno, a quien esa espina clavada le dolía más de lo que estaba dispuesto a permitir.

Otro de los aciertos del Cardenal ha sido el de mover al enérgico obispo Emilito Aranguren para Holguín, quien parecía inamovible de su adorada Cienfuegos, pero que siempre aspiraba a la sede arzobispal de Santiago, para carenar finalmente en la insignificante Holguín, donde ha dado carta abierta a todos sus sacerdotes de salir del país y escapar de una realidad que para nada parece interesarle al nuevo Obispo, destrozando el trabajo paciente y laborioso de Mons. Peña (ya retirado), al que le niega incluso la posibilidad de residir en su querida ciudad de Gibara, y destroza todo lo que aquel construyó esforzadamente. Por Emilito, el susodicho Jaime impuso a un desconocido en el ámbito eclesial cubano, muy conocido y activo en Camaguey, un español, al que no negamos sus méritos (si los tiene, pues los desconocemos, pero que deben ser sus relaciones con organizaciones hispanas para obtener fondos monetarios), para desconocer olímpicamente a todo un clero cubano, en un alarde de reconocimiento de los méritos de los misioneros extranjeros, a la par que olvida a tantos sacerdotes esforzados en el cotidiano sufrir de las realidades politicas y sociales junto a las eclesiales del esquema español de la Iglesia Cubana que se mantiene anquilosada e ignorante de la pujanza del laicado cubano. 

Hacía mucho, pero mucho tiempo que no se nombraba un obispo extranjero en Cuba, pero siempre hay una primera vez para el Cardenal cubano en el ejercicio de su ajedrez eclesiástico para mover sus fichas a conveniencia. Aunque intuimos la mano del Arzobispo de Camaguey, quien intenta tomar el liderazgo orteguiano, cuando éste se retire próximamente, al lograr que dos de los suyos, fueran nombrados Obispos, uno para Cienfuegos y el otro para Guantánamo.

Quizás la mejor jugada del Cardenal -presionado por los otros obispos, en especial el Arzobispo de Camaguey, en busca de protagonismo-, fue la de nombrar a un activo y organizado Obispo para Guantánamo, en sustitución del depresivo y jovial Carlos Baladrón, que ante la falta de apoyo, recursos, personal y decisión, malgastó su carisma y popularidad sumergiéndose en el alcohol y la desidia, que lo destinaron a un vegetativo exilio de terciopelo, primero en España y actualmente en Miami, celebrando una misa diaria (nocturna ante su imposibilidad de levantarse antes de las 12 del día) viviendo prácticamente de la caridad pública y parroquial, atrayendo la lástima de los que lo tratan y recibiendo las ayudas económicas que los obispos retirados o renunciantes reciben de uno u otro lado, mientras alardea de ser una víctima del régimen comunista, historia nada creíble para los que le rodean.

Pero lo peor de la Iglesia Cubana, y muchos tratan de no verlo, es el deseo del Cardenal Ortega de convertirse en el Salvador de Cuba, del promotor de la Transición Política Cubana, al sufrir lo que yo llamaría el "Síndrome Tarancón", en referencia al Cardenal español que trabajó y apoyó al Rey y al Gobierno de Adolfo Suárez, en solidificar el proceso de Transición de la dictadura franquista a la democracia republicana bajo el manto monárquico, con su actitud, su firmeza y su clarivivencia, predicando la Reconciliación y una actitud de mirada segura hacia el futuro. Hoy Jaimito (conocido en los medios eclesiásticos como la Muñeca de Porcelana o Madame Clinique, por la marca de cosméticos que usa) quiere ser Jaime Tarancón, y se la pasa hablando de Reconciliación, cuando bien sabe que de lo que debe es hablar de Perdón, pero ese concepto no es compatible con el dolor del pueblo cubano y de los miles de familiares que han sufrido la pérdida de sus seres queridos en las cárceles, campos de concentración o en mitad del Estrecho de la Florida, de los miles que han sufrido irrespeto a sus derechos, a la justicia, a la libertad, a una casa, a un trabajo digno, a un salario, a expresarse; sufriendo represión, vigilancia, desconfianza y privación de lo esencial.

Olvida el Cardenal Ortega que para que haya Reconciliación se necesitan dos partes: la ofendida, que perdona, y la ofensora, que reconoce el mal que ha infligido, se arrepiente de él, y pide perdón. Eso nunca lo harán ni Fidel Castro ni sus esbirros y cómplices, y sus herederos o mantenedores lo harían sólo cuando sea inevitable, cuando los grandes culpables mueran o huyan con los bolsillos llenos del patrimonio nacional. Lo contrario sería vivir de ilusiones para morir de desengaños. En Cuba sólo se puede hablar, con propiedad de PERDON, y ése es muy doloroso e inaceptable para muchos. Sino miren las leyes del perdón que los gobiernos de Chile, Argentina y otros tantos aprobaron y aún no se sanan las heridas, ni con la muerte de Pinochet o el apresamiento y juicio de los militares de la dictadura militar argentina. ¿Sería Cuba una excepción? Nadie lo cree así, se habla de venganza y de castigo, eso que todos sabemos supondría un reguero de sangre y una herida abierta que difícilmente se podría cerrar. Pero Ortega juega a la gallinita ciega, pensando que basta con el espíritu cristiano para borrar de un porrazo tantas heridas, que aún hoy los gobernantes cubanos siguen abriendo entre los disidentes y opositores, y que sólo encuentran como vía para aflojar las tensiones, la permisividad de un éxodo, lento y trágico que se cobra nuevas víctimas en el mar, ya no hacia los Estados Unidos, sino hacia México, Honduras, Costa Rica, y cualquier punto donde una balsa pueda llegar.

Sólo me permito recordarles lo que dijera Mons. Meurice en su última homilía, al momento de su retiro: "Llegará el día en que tanto dolor y tanto sufrimiento, tanto trabajo, tanto sudor, no serán en vano, darán su fruto y fruto abundante. Vendrá un día esplendoroso para todos los cubanos, piensen como piensen; crean o no crean en Dios; estén donde estén, dentro de Cuba o fuera de Cuba”.

Los invito, ilustrísimos Obispos, a despojarse de su cómoda vida, de su palabrería sin sentido, y decídanse a hacer una huelga de hambre contra la falta de libertad religiosa, por la libertad incondicional de los disidentes presos, por la libertad de asociación y de expresión, por el derecho de los padres a educar a sus hijos de la manera que mejor decidan, por la posibilidad a salir y a entrar de los que viven en Cuba o el extranjero sin necesidad de visados, por el derecho a una vivienda digna, a una alimentacion balanceada, a organizarse en sindicatos, asociaciones y uniones, sin cortapisas, aún dentro de la Iglesia. Hagan lo que el Papa Juan Pablo II hizo, y pídanle perdon al pueblo cubano por ser traidores de la verdad, por negociar con el gobierno y su sátrapa con saya, Caridad Diego, por unas pocas procesiones y algunas pobres prebendas, olvidando las esenciales y más importantes. Si en la Carta Pastoral "El amor todo lo espera" (escrita poco después de ser elevado Ortega al Cardenalato) expresaron algo que constituyó un escándalo para el gobierno porque ponía nombre a las cosas, hoy déjense de escribir carticas melosas que nada dicen y mucho intentan insinuar sin decirlo claramente. Salgan a la calle en silencio, y el pueblo los seguirá, y vivan seguros de que si no lo hacen, a ustedes si que ni La Historia los absolverá. AMEN

 

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