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JIHAD BOLIVARIANA (II)

JIHAD BOLIVARIANA (II)

Siguiendo la idea del artículo anterior, no nos debe coger de susto el macabro proyecto de Chávez, pues no se trata sólo de islamizar a las minorías indígenas, sino de ir integrando poco a poco a sus fanáticos seguidores a una religión que le sirve para su proyecto totalitarista y expansionista (pues de eso se trata), a la vez que ataca a la Iglesia Católica, a la que acusa de no servir el interés de los pobres que él dice defender y dignificar (al tiempo que los mata de hambre con la escasez que se vive hoy en Venezuela, empeorando sus vidas con la inflación y el desempleo)

Y digo esto, porque entrando en los entresijos de la estructura del gobierno chavista encontramos a ciertos personajes que nos revelan claramente lo que se mueve detrás de todo el populismo chavista. Y es que hace apenas una semana, el periódico Miami Herald, revelaba detalles del asunto, al revelar que detrás de la represión a los estudiantes venezolanos, que con sus manifestaciones abortaron el intento chavista de cambiar la Constitución y perpetuarse en el poder, estaba el Vice Ministro del Interior y Justicia: Tarek El-Aissami (¿no les suena raro ese nombre?), encargado de la Seguridad Ciudadana, cuyo padre dirigía la filial venezolana del Partido Socialista Baas (o Baath, según lo escriban), que fuera el partido del exdictador Sadam Hussein de Iraq, y su abuelo, Shibli El-Aissami, fue asistente del Secretario General de ese partido en Bagdad, de ahí que entendamos porque Chávez acusa de genocida a Bush, mientras nunca dijo una palabra sobre Hussein.

Junto a este personero del gobierno chavista, destaca otro personaje, no ya dentro del gobierno, pero sí consentido suyo: Mustafá Setmarian Nassar,  con doble ciudadanía siria y española, considerado un teórico de Al Qaeda, quien vivió abiertamente en Venezuela, y luego de ser requerido por la Interpol por los atentados de Madrid del 11 de marzo (que llevaran al poder al socialista Zapatero), desapareció de la escena, pero era conocido por todos, por la protección que le daba el gobierno de Chávez (contando con guardaespaldas gubernamentales, incluso cuando se dirigía diariamente a la mezquita de Caracas).   

Y todo esto forma parte del proyecto jihadista bolivariano, que permite una constante entrada de árabes musulmanes al país, facilitándole la ciudadanía venezolana, lo que permite que de Venezuela pasen a otros países y de ahí puedan penetrar en los EEUU. Proyecto éste (de colaboración con el terrorismo islamista) que, poco antes de caer víctima de la enfermedad intestinal que lo alejó del poder, hizo decir a Castro junto al Presidente iraní Amehdinayed (en su visita a Irán), que "pondrían de rodillas al Imperio norteamericano", y que ahora, su discípulo sigue al pie de la letra.

No en balde, la inteligencia norteamericana, conocedora de la infiltración de este elemento en América Latina, ha puesto grandes controles a los que viajan desde muchos de estos países hacia su territorio, por la clara y evidente comprensión de que los terroristas fundamentalistas ya no vendrán a los EEUU desde sus países o desde Europa, porque han cambiado su estrategia y han encontrado en Venezuela y sus satélites bolivarianos (Bolivia, Ecuador y Nicaragua, fundamentalmente) un trampolín para intentar atacar la soberanía y la democracia de la que goza el pueblo norteamericano.

No deja de destacar el articulista del Miami Herald, la influencia islamista que en los últimos veinte años se viene observando en Latinoamérica, fenómeno éste que ha contado con el apoyo de presidentes de ascendencia árabe como han sido: Carlos Menem, de Argentina (de ascendencia siria, del que se dice permitió el atentado contra una institución judía y propició la construcción de la mezquita más ostentosa de Sudamérica en terrenos de su propiedad); Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad, de Ecuador (ambos de ascendencia libanesa); Antonio Saca, de El Salvador (de ascendencia palestina); Jacono Majluta, en República Dominicana (de origen libanés); Said Musa, de Belice (origen palestino); Edward Seaga, de Jamaica (de origen libanés); Julio César Turbay Ayala, en Colombia (de ascendencia libanesa), y Carlos Flores Facusse, de Honduras (de ascendencia palestina).

Es como para pensar cómo todos estos ex-presidentes o presidentes cuentan o contaron con el respaldo financiero necesario para una campaña electoral, cuando todos sabemos el caudal financiero que mueven los terroristas islámicos, lo cual no significa que se les acuse a ellos de pertenecer o propiciarlo, pero sí que permiten una inmigración en la que entran esos elementos como forma de infiltrarse y así poder realizar sus proyectos fundamentalistas -que claramente han expresado en sus intenciones de islamizar a todo el mundo-, y tienen una influencia de la visión del mundo cercana a la cultura árabe, cuya presencia no se puede ignorar en nuestras naciones.

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