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Cubaneo Cotidiano

LOS MARCIANOS LLEGARON YA...

LOS MARCIANOS LLEGARON YA...

Así rezaba un cha cha chá famosísimo de la Orquesta Aragón, allá por los años 60´s, donde parece que por influencia de "La guerra de los Mundos" de Herbert George Wells, quisieron aprovechar el tema dándole un rico tono cubano diciendo: "Los marcianos llegaron ya...y llegaron bailando el ricachá/ricachá, ricachá, ricachá..."

Y la noticia de este fin de semana más que curiosa es risible, porque después de un intento continuado de casi cincuenta años de "construir el hombre nuevo" sin el opio de los pueblos, leáse la religión, y libre de toda contaminacón consumista y capitalista, el castrocomunismo reciclado en nacionalismo a ultranza, ha terminado cayendo en su propia trampa restableciendo lo que tanto intentó desaparecer. ¿Quién los entiende?

La pobre gente que se negaba a perder sus tradiciones cantaba a ritmo de guaracha aquello de "¿Cuándo volverá la Nochebuena, cuándo volverán las Navidades, cuándo volverá el lechoncito...?, y más pudo la perseverancia de una identidad enraizada en las tradiciones cristianas que todas las ideologías importadas de Rusia, China o vaya usted a saber qué otro lugar.

Y luego de eliminar las Navidades en 1970, con la trasnochada invención de un año de 18 meses, con el objeto de realizar la inalcanzada proeza de los 10 millones de toneladas de azúcar, a la caída del Bloque Comunista del Este de Europa, y con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II, no quedó más remedio que restaurar unas fiestas que nunca pudieron extirpar de entre las tradiciones familiares más populares del pueblo cubano.

Bien recuerdo cómo, aún cuando no habían sido prohibidas las celebraciones de las Navidades y el Día de Reyes, en mi infancia vivida en el barrio de Santos Suárez, allá por el año 1964, tenía que ir a chequear el turno de la cola para los juguetes, con mi madre o mis hermanas, en la ferretería cercana a mi casa, en la calle Juan Delgado, para comprar unos pobres juguetes, que ya desde ese entonces comenzaban a ser un dolor de cabeza para los padres, por aquello de que eran tres juguetes: uno básico y dos adicionales; y que conste, que no me puedo quejar, pues ese año me compraron mi primera bicicleta...aún la recuerdo...roja, marca Niágara, de las últimas americanas que entraron a Cuba, creo yo...

Todo el proceso de compra de los juguetes, era un vía crucis que volvía loco al más pinto de la paloma, pues de acuerdo al turno que alcanzaras en el establecimiento donde, alguien en las alturas del Ministerio de Comercio Interior determinaba a capricho, debías comprar los dichosos juguetes, y luego de chequear día tras día, dormir en el piso en las noches, y esperar con mucha suerte que lo que el niño quería recibir existiera al momento de llegar al mostrador, obligó a muchos padres a decirle a los niños que "los Reyes Magos no existían, que eran los padres los que compraban los juguetes". Qué forma más burda la de esa ideología, de la que el Papa Pío XII dijera sabiamente que era "intrínsicamente perversa", de matar la fantasía de los niños y la fe en Dios de todo un pueblo.

Por eso me llama la atención que, mientras las Damas de Blanco tratan de alimentar la esperanza en los hijos de los presos de conciencia, haciéndoles una celebración del Día de los Reyes, tratando de compensar un poco la ausencia de sus padres con la esperanza cierta de que un día recibirán la justicia que les permitirá vivir con sus familias unidas, vemos por el otro lado cómo un capitalista -norteamericano por demás-, que sólo busca ganarse la buena voluntad del gobierno para hacer jugosos negocios a su favor, es acompañado por un sobrino del dictador, y disfrazado de Santa Claus, lleva juguetes a los niños de una escuela, que no saben lo que es un juguete de verdad -porque ya ni hay juguetes básicos o adicionales-, que les hace vivir una falsa fantasía de prosperidad (mientras sus padres hacen malabarismos con sus salarios de miseria), y los hace gritar: !Viva Santi Klós!, como si se ovacionara a algún héroe en medio de un acto político.

Bien recuerdo que, cuando estudiaba en la Universidad de La Habana, nos obligaban -a regañadientes-, a estudiar Historia de la Filosofía Marxista (por un autor ruso de apellido Romanov), y teníamos que tragarnos a la fuerza "El Capital" y otros ladrillos por el estilo, y nos insistían en que la transformación necesaria para construir el Socialismo pasaba por destruir todas las estructuras (incluidas las fiestas navideñas) del sistema capitalista en descomposición, sembrando los gérmenes de transformación del nuevo sistema de producción socialista. Pero veo que ahora lo que están sembrando son las semillas de un nuevo capitalismo, aunque con el disfraz -no ya de Santa Claus, sino del mal llamado socialismo del siglo XXI.

Definitivamente, por sus propias doctrinas, estamos viendo el proceso de descomposición total y definitivo de un sistema que nunca tuvo sentido ni propósito alguno y que, sólo logró, a duras penas, destruir un país y hacer infelices a 12 millones de cubanos, y entre ellos a millones de niños.       

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