LA ANA FRANK DEL GULAG CUBANO

Pues sí que estoy muy orgulloso al saber que la joven cubana de 13 años Isabella Castillo, ha sido seleccionada entre 800 aspirantes para dar vida a la adolescente judío-alemana Ana Frank, en un musical que se presentará en el Teatro Hagen-Daaz Calderón de Madrid, que resalta el amor a la vida de una víctima del fascismo totalitarista.
Para quien se fija en su nombre no verá nada llamativo, pero si se conoce que Isabella no es otra que la hija de la talentosa cantante cubana Delia Díaz de Villegas, entenderemos entonces de dónde le viene el talento y la gracia para haberse presentado a un casting, siendo elegida para encarnar el papel protagónico de Ana Frank.
Isabella, salió de Cuba hacia Belice junto a su familia cuando apenas tenía tres años, escapando del régimen totalitario de Castro y, luego de un año en aquella tierra centroamericana, cruzaron la frontera de México hacia los Estados Unidos, instalándose en Miami. Junto a Isabella, fue elegida también su madre Delia, para integrar el elenco de la obra musical, para cuya preparación han visitado la Casa Museo Ana Frank en Amsterdam, y han tenido que conocer a fondo la vida de la joven asesinada por los nazis.
Cualquier parecido de la vida de Isabella Castillo con la de Ana Frank, podría parecer pura coincidencia, pero no lo es, porque todos los totalitarismos son criminales y genocidas. Para la joven Isabella, es una prueba determinante que forjará su vida, su vocación artística y su realización como una persona que ha vivido en carne propia la necesidad de su familia de huir de la falta de libertad y la represión y la imposibilidad de vivir una vida en su propio país viéndose obligada a huir y emigrar.
Isabella es un ejemplo del talento de los cubanos, de su empeño por triunfar en cualquier lugar, del esfuerzo que supone triunfar fuera de su propio país, del premio que supone vivir en libertad. Entrevista a Isabella Castillo, la voz de Ana Frank
P.S.: Por si alguien no sabe qué significa la palabra Gulag, ése es el nombre que se le da a los campos de concentración comunistas. El escritor y luchador por los derechos humanos Alexander Solshenitzin, quien fuera preso político en uno de esos campos, tituló una de sus obras así: "El Archipiélago Gulag", donde denunció los horrores del stanilismo soviético.
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