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Cubaneo Cotidiano
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PROHIBIDO OLVIDAR

PROHIBIDO OLVIDAR

Hace exactamente siete años, me encontraba recibiendo clases de una profesora particular, cuando ella, nada pro-yanqui (al decir de los castrocomunistas de todo el que siente la más mínima admiración por el pueblo norteamericano, ya que nadie en este país identifica automáticamente al pueblo con su gobierno), me llamó un tanto angustiada para que viera en la pantalla de su televisor, luego de recibir una llamada inesperada, lo que estaba sucediendo en ese instante en la ciudad de Nueva York...un atentado terrorista acababa de impactar una de las Torres Gemelas...y poco tiempo después, otro avión impactaba el segundo de los rascacielos que conformaban el World Trade Center.

Debo confesar, que la sorpresa, el estupor, la impotencia, la rabia...y tantos otros sentimientos encontrados me hicieron sentir de tal manera que no pude evitar que las lágrimas me corrieran por las mejillas sin control alguno. Me parecía que estaban atacando mi casa, mi país, mi propia vida, sin respeto alguno de la inocencia de las víctimas, con toda la impunidad que sólo los asesinos sin alma pueden tener para realizar algo así. Recordaba en esos instantes mi primer viaje a los EE.UU., tres años antes, cuando visité la capital del mundo, pues eso es New York, la ciudad más cosmopolita de todo el planeta. Allí se puede encontrar en un instante, en un mismo lugar, personas de todas partes del mundo: coreanos, indios, rusos, polacos, irlandeses, judíos, dominicanos, puertorriqueños, mexicanos, alemanes, ingleses...en fin, la Torre de Babel con todos los idiomas imaginados.

En esa, mi primera visita, por motivos de investigación histórica (para el libro que estaba escribiendo), fui a una iglesia cercana a las Torres Gemelas, a pocos metros de allí, y para llegar hube de tomar el metro que justamente me dejaba en la estación que se hallaba en la base del WTC. Recuerdo que cuando descendí del metro, me quedé extasiado viendo las vidrieras de las tiendecitas que había en el subterráneo, todas ambientadas con motivos del ya cercano Halloween. Era imposible que estando allí, no sintiera la tentación de subir a las torres y observar la ciudad desde el mirador en uno de sus pisos más altos. Por eso, al ver el ataque, la destrucción, el fuego, las muertes de los que se lanzaban al vacío intentando salvar sus vidas, sentí que yo estaba allí, que yo era uno de los que intentaba salvarse y ayudaba a salvarse a otros. Al derrumbarse ante mis ojos, me parecía que todo caía sobre mí...era sobrecogedor, y por eso no podía evitar las lágrimas. No era lo mismo haber visto las Torres Gemelas en fotografías o en una película, que haber estado allí.

Hoy no queda nada, sólo los restos, el recuerdo de los miles de inocentes que murieron, el heroísmo de los que lucharon fieramente por salvar vidas, el dolor de los familiares que perdieron a sus seres queridos sin otra razón que la de vivir y amar en este país. Por eso digo que hoy, siete años después de aquel horroroso acontecimiento, está prohibido olvidar. Está permitido perdonar, siempre hay que perdonar, aunque nos parezca imperdonable que alguien asesine indiscriminadamente y a mansalva en nombre de Dios, pero olvidar...olvidar no está permitido, y nos obliga, como una obligación de amor, a luchar por desterrar de nuestro país (y lo digo con orgullo, pues siete años después del 11 de septiembre, yo soy, gracias a Dios, ciudadano de este grande y hermoso país) todo odio, toda injusticia, todo desamor, pero sin olvidar que nadie tiene derecho a asesinar a mansalva a gente inocente por muy grandes que sean las razones o causas que crean tener contra un gobierno, que es nuestro gobierno (como decía José Martí: "nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino"), elegido libremente, gracias a que este país se rige por una Constitución, la más democrática del mundo, y existen unas leyes que respetan los derechos incluso de los terroristas y los enemigos de este país.

Por eso, como orgulloso ciudadano de este gran país, dispuesto a entregar hasta mi propia vida por defenderlo, me atrevo a decir: !No serán olvidados!

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